El Dios que Viene con Prisa

“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.” — Lucas 15:20

Palabra en el original:
Trechō (τρέχω)Correr con urgencia, avanzar velozmente con propósito; no caminar ni esperar, sino moverse con determinación y emoción hacia un objetivo.

Reflexión:
El hijo pródigo no venía limpio, ni seguro, ni siquiera valiente. Venía herido, sucio y lleno de vergüenza. Esperaba un juicio, tal vez un castigo. Pero su padre, al verlo a lo lejos, no caminó… Trechō — corrió. Este detalle es radical. En tiempos bíblicos, un hombre anciano, y aún más un padre honorable, jamás corría en público — sería una deshonra. Pero el amor es más rápido que la cultura, y la misericordia corre más rápido que el juicio.

Este es el retrato de nuestro Dios: Él no solo espera, Él se apresura. No exige explicaciones antes de amar. Cuando un corazón arrepentido decide regresar, Dios corre. Él ignora el protocolo, atraviesa la vergüenza y se lanza con urgencia hacia el abrazo de la restauración.

Trechō es más que un acto físico — es el lenguaje del Cielo para mostrar que Dios siempre toma la iniciativa para rescatar. Aunque hayamos malgastado todo, aún hay un Padre corriendo hacia nosotros.

Oración:
Padre celestial, gracias por no ser un Dios distante ni lento para perdonar. Gracias por correr hacia mí incluso cuando mi corazón está roto y mis manos están vacías. Enséñame a regresar sin temor, sabiendo que Tu abrazo me espera. Que nunca olvide que Tu misericordia se mueve con urgencia hacia el que se arrepiente. Amén.

Inicia sesión para completar el devocional y ganar puntos.

Artículos relacionados

Respuestas

Responder a Adolfo92

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cancelar la respuesta

  1. Así como corriste a abrazarnos, ayudanos para que los que fuimos alcanzados y restaurados no callemos de Tu insmenso amor hacia todos los hijos pródigos que aún no han regresado a los brazos del Padre.

  2. Cuando nos percatamos de estos importantes detalles, podemos sentir cuán grande es el amor del Padre por cada uno de nosotros. Gracias, Dios porque me amas, y porque me recibes con brazos abiertos a pesar de mis fallas. Permite que mi corazón reciba el regalo de tu amor.

  3. No hay palabras para expresar el que nuestro Padre siempre esté esperando nuestro retorno. Gracias Padre porque a ti puedo volver seguro y confiado cuando fallo.