El Dios que Renueva la Esperanza

“El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer.” Romanos 15:13

elpís (ἐλπίς) – esperanza firme, expectativa segura y gozosa basada en la fidelidad divina; no una ilusión humana, sino una confianza activa en lo que Dios prometió.

Reflexión:
La esperanza verdadera no nace del optimismo, sino de la presencia de Dios. El apóstol Pablo no llama a Dios “el Dios de los milagros” o “el Dios del poder” en este pasaje, sino “el Dios de la esperanza”, porque en los tiempos más oscuros, lo que sostiene el alma no es la fuerza ni la razón, sino la certeza de que Él sigue obrando, aunque no lo veamos.

El término griego elpís no describe un deseo incierto, sino una expectativa viva que se apoya en el carácter inmutable de Dios. No es decir “tal vez suceda”, sino “sé que sucederá, porque Su Palabra no falla.” Esta esperanza no depende de resultados visibles, sino de una convicción profunda que el Espíritu Santo produce en el corazón del creyente.

Pablo ora para que el Dios de esperanza nos llene de gozo y paz en el creer, porque la esperanza no puede florecer en corazones vacíos. Solo puede brotar donde la fe ha echado raíces. Cuando la fe mira hacia el cielo, la esperanza se renueva, y el alma fatigada vuelve a respirar.

Dios no promete caminos sin desiertos, pero sí renovar nuestras fuerzas mientras caminamos. La esperanza no siempre cambia las circunstancias, pero cambia cómo las enfrentamos. Nos enseña a esperar cantando, a creer mientras lloramos, a permanecer firmes cuando todo tiembla.

A veces, el proceso de esperar parece largo y silencioso. Pero cada momento de demora está lleno de propósito. El Dios que renueva la esperanza también madura el corazón mientras esperamos. Lo que pedimos no siempre llega cuando queremos, pero llega cuando estamos listos. Y cuando finalmente la promesa se cumple, entendemos que no fue tardanza, sino preparación.

La esperanza divina no se extingue en la noche, porque su llama está encendida por el mismo Espíritu de Dios. Él la sopla dentro de nosotros cada vez que Su Palabra nos recuerda: “Aún no he terminado contigo.”
Por eso, aun cuando el corazón tiembla, el alma puede decir: “Mi esperanza está viva, porque mi Dios sigue sentado en Su trono.”

La esperanza no es negar la realidad; es anunciar que hay una realidad más grande: la fidelidad eterna de Dios.

Oración:
Señor, renueva mi esperanza cuando el cansancio me robe la visión. Que tu Espíritu reavive en mí la certeza de que tus promesas siguen en pie, y que lo mejor aún está por venir.

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