El Dios que Nos Consuela en la Espera

“Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela en tierra seca y árida donde no hay aguas.” Salmo 63:1

Palabra original: tsāmē (צָמֵא) – tener sed, ansiar intensamente, un deseo profundo y urgente por aquello que es vital para la vida.

Reflexión

David escribe este salmo desde el desierto, un lugar de sequedad, carencia y necesidad extrema. No pide primero comida, refugio o descanso, sino a Dios mismo. Su declaración revela que hay una sed más profunda que la física: la del alma. Esa sed no se sacia con logros, reconocimiento, relaciones ni riquezas, porque ninguna de esas cosas tiene la capacidad de llenar el vacío espiritual que solo el Creador puede ocupar.

El término hebreo tsāmē expresa una necesidad desesperada, una urgencia vital. Así como el cuerpo no puede sobrevivir sin agua, el alma no puede vivir sin la presencia de Dios. Intentar saciar esa sed en lo creado es condenarse a la frustración. Pero cuando buscamos a Dios en medio de la sequía, descubrimos que Él es fuente inagotable de aguas vivas.

Jesús mismo lo afirmó en Juan 7:37: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.” Él es el cumplimiento del anhelo del salmista, la respuesta a la necesidad eterna del alma. Su Espíritu se convierte en río interior que fluye con fuerza y trae vida incluso en medio del desierto más árido.

La sequía espiritual muchas veces es permitida para enseñarnos a valorar el agua verdadera. Dios usa esos tiempos de vacío para mostrarnos que nada fuera de Él puede sostenernos. Y es precisamente en esos momentos donde nuestra oración sincera, como la de David, nos conecta con la fuente eterna.

Buscar a Dios en tierra seca no significa que de inmediato todo se vuelva fértil, pero sí significa que nuestro interior será saciado con Su presencia. Y cuando el alma se llena de Él, incluso en el desierto florece esperanza.

Oración

Señor, sacia la sed más profunda de mi alma con tu presencia viva. Que mi corazón no busque en lo pasajero lo que solo Tú puedes dar, y hazme depender cada día de tu fuente eterna. Amén.

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