El Dios que Da Descanso

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Mateo 11:28

Palabra original: anapauō (ἀναπαύω) – dar reposo, refrescar, detener el esfuerzo, aliviar del peso constante.

Reflexión

El cansancio no es solo físico: también el alma se fatiga bajo el peso de las preocupaciones, la culpa, la ansiedad y las exigencias de la vida. Jesús habla a quienes sienten el desgaste profundo de intentar sostenerlo todo con sus propias fuerzas. La invitación es clara: “venid a mí”. No se trata de una técnica, ni de un método humano, sino de un encuentro personal con el mismo Cristo.

El verbo griego anapauō expresa un descanso integral, no solo un alivio pasajero. Significa soltar lo que oprime y encontrar en Él un refrigerio interior que ninguna otra cosa puede dar. El mundo ofrece distracciones que adormecen momentáneamente el cansancio, pero solo Jesús da un reposo que restaura lo más profundo del ser.

Este descanso no implica ausencia de responsabilidades o pruebas, sino un cambio de yugo: dejar el peso insoportable del autosuficiencia para caminar bajo la gracia y la guía de Cristo. Cuando aprendemos a descansar en Él, comprendemos que nuestro valor no está en lo que hacemos, sino en quiénes somos en Sus manos.

Así, el descanso en Dios se convierte en un acto de fe y de confianza. Descansar es reconocer que no todo depende de mí, sino del Señor que sostiene mi vida. En ese descanso, la ansiedad se transforma en paz, el miedo en seguridad y la desesperanza en esperanza.

Oración

Señor, enséñame a soltar mis cargas en tus manos. Dame la humildad de reconocer que necesito tu descanso y la fe para confiar en que tu gracia me sostiene cada día. Amén.

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