El Buen Pastor

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” Juan 10:11

Palabra original: poimēn (ποιμήν) – pastor, guía, cuidador, protector; aquel que vela con ternura, pero también con valentía, por el bienestar y la seguridad de sus ovejas.

Reflexión

En la cultura bíblica, la figura del pastor no era simplemente un trabajo, sino una imagen de entrega y responsabilidad absoluta. El pastor conocía a cada oveja por nombre, cuidaba de sus heridas, buscaba a la perdida y defendía al rebaño de los lobos. Cuando Jesús se presenta como el Buen Pastor, nos revela el corazón mismo de Dios: un amor dispuesto a darlo todo, incluso la propia vida, por quienes ama.

El pastor asalariado cuida solo mientras le conviene, pero el Buen Pastor se queda en medio del peligro, porque las ovejas son suyas y forman parte de su corazón. Su amor no es temporal ni condicionado; es eterno, fiel y sacrificial. Confiar en Jesús como Buen Pastor es descansar en la certeza de que no estamos solos en los valles oscuros, porque Su vara y Su cayado nos infunden aliento (Salmo 23:4).

Ser guiados por Él significa reconocer Su voz en medio del ruido del mundo. Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Juan 10:27). Esa voz nos llama a salir del peligro, nos redirige cuando nos extraviamos y nos conduce a pastos de vida y aguas de descanso. Y a diferencia de otros líderes o influencias que buscan aprovecharse de nosotros, Cristo no vino a ser servido, sino a servir y dar Su vida en rescate por muchos.

Cuando comprendemos esta verdad, nuestra relación con Él se llena de confianza. No seguimos a un guía distante, sino a un Pastor que camina con nosotros, que conoce nuestras luchas y que ya demostró Su amor en la cruz. El Buen Pastor no solo cuida de nuestra vida terrenal, sino que asegura nuestro destino eterno. En Sus manos, estamos completamente seguros.

Oración

Gracias, Jesús, por ser mi Buen Pastor. Gracias porque no me guías desde lejos, sino que caminas conmigo, cuidando mis pasos y protegiéndome del peligro. Gracias porque Tu amor no es teórico, sino práctico, real y demostrado en la cruz, donde entregaste Tu vida por mí.

Señor, enséñame a escuchar Tu voz en medio de tantas distracciones. Haz que mi corazón se afine a Tu llamado y que mis pies sigan con obediencia el camino que marcas. No permitas que me aparte de Tu rebaño, ni que busque pastos en tierras que no me convienen.

Hoy declaro que confío en Ti, Buen Pastor. Que aunque pase por valles de sombra, no temeré, porque Tú estás conmigo. Llévame siempre a pastos de vida, restaura mi alma y guíame a la eternidad que has preparado para mí. Amén.

Inicia sesión para completar el devocional y ganar puntos.

Artículos relacionados

Respuestas

Responder a Adolfo92

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cancelar la respuesta