La Roca Eterna

“En Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.” Isaías 26:4

Palabra original: tsur (צוּר) – roca, fundamento seguro, fortaleza inamovible, aquello que es sólido, firme y no se desgasta con el tiempo.

Reflexión

En un mundo que constantemente cambia y donde todo parece inestable, necesitamos un fundamento seguro en el cual confiar. Los sistemas políticos, la economía, las ideologías y hasta las relaciones humanas son frágiles: hoy están y mañana pueden derrumbarse. Aun las fuerzas personales, como la salud, el intelecto o las emociones, no son eternas; tarde o temprano se debilitan. Frente a esa realidad, Isaías nos recuerda que Jehová es “la Roca eterna”, un fundamento que nunca se quiebra, que no envejece y que no es movido por las tormentas de la vida.

El término hebreo tsur no describe cualquier piedra, sino una roca maciza, un fundamento imposible de derribar. En la antigüedad, las ciudades construidas sobre roca eran prácticamente inexpugnables, y de esa manera el profeta presenta a Dios: como una seguridad inamovible que sostiene y protege. Cuando nos aferramos a Él, no caminamos sobre terreno resbaladizo, sino sobre una base indestructible.

Esto nos recuerda también las palabras de Jesús en Mateo 7:24-25, donde compara al hombre prudente que edifica su casa sobre la roca. Vienen lluvias, ríos y vientos, pero la casa permanece firme porque está fundada en un cimiento sólido. De igual manera, cuando fundamentamos nuestra vida en Cristo, los problemas no desaparecen, pero no logran derribarnos, porque nuestra seguridad no depende de circunstancias externas, sino del carácter inmutable de Dios.

El Señor no solo es una roca en el presente, sino la Roca eterna: Su fidelidad no tiene fecha de caducidad, Su amor no se agota y Su poder no disminuye con el paso de los siglos. En Él podemos encontrar descanso para nuestras almas cansadas y certeza en medio de la incertidumbre. Cada vez que el mundo se tambalea, recordar que estamos sobre la Roca eterna nos da paz, porque aunque todo se mueva, Él permanece.

Aferrarse a Dios como Roca eterna es elegir la fe en lugar del miedo, la confianza en lugar de la ansiedad y la esperanza en lugar de la desesperación. Y esa decisión no solo nos sostiene a nosotros, sino que también se convierte en testimonio para quienes nos rodean: cuando otros ven que permanecemos firmes en medio de las tormentas, pueden reconocer que nuestra seguridad no viene de nosotros, sino de Aquel que nunca falla.

Oración

Señor, gracias porque Tú eres mi Roca eterna, mi fundamento seguro y mi refugio en medio de la tormenta. Cuando todo a mi alrededor se sacude, sé que en Ti encuentro estabilidad, porque Tu fidelidad nunca cambia y Tu amor nunca se agota.

Padre, enséñame a no confiar en mis propias fuerzas ni en fundamentos humanos que se desgastan, sino a edificar mi vida sobre Ti. Hazme permanecer firme cuando vengan las pruebas y que nada me aparte de Tu seguridad.

Que mi confianza en Ti sea tan visible que otros puedan ver en mi vida la fortaleza que solo Tú puedes dar. Amén.

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