La Paz que Sobrepasa Todo Entendimiento

“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Filipenses 4:7

Palabra original: eirēnē (εἰρήνη) – paz, descanso interior, estado de plenitud y armonía que surge de una relación correcta con Dios, no de circunstancias externas.

Reflexión

El apóstol Pablo escribe estas palabras desde la prisión, en un contexto de incertidumbre y sufrimiento. Humanamente, no había motivos para experimentar tranquilidad; sin embargo, declara que la paz de Dios no solo es real, sino que sobrepasa todo entendimiento humano. Esto significa que la paz divina trasciende la lógica, supera las emociones inestables y no depende de lo que ocurre alrededor.

El término griego eirēnē describe una paz que no es la ausencia de conflictos, sino la plenitud que proviene de la presencia de Dios. Es un estado en el que el corazón se aquieta y la mente descansa porque sabe que el trono celestial sigue en control, incluso cuando todo lo visible parece estar fuera de lugar. Esa paz es como un guardián que protege los pensamientos y las emociones, impidiendo que el temor y la ansiedad tomen dominio.

El mundo ofrece una paz frágil y temporal, basada en acuerdos, dinero o estabilidad pasajera. Pero la paz de Dios es sobrenatural, porque no se fundamenta en circunstancias cambiantes, sino en la fidelidad eterna de Cristo. Por eso, quienes la reciben pueden atravesar tormentas con calma, llorar con esperanza y esperar con confianza, sabiendo que nada puede quitarles lo que Dios ya les ha dado en su interior.

Pablo no solo habla de esta paz como un regalo, sino como una promesa activa: “guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos.” La palabra “guardar” en griego transmite la idea de un centinela que vigila y protege. Así es la paz de Dios: un ejército espiritual que defiende nuestro interior contra la invasión de la angustia, el miedo o la desesperación.

Cuando entendemos esto, descubrimos que vivir en la paz de Dios no es negar la realidad, sino mirarla desde la perspectiva de la eternidad. Es recordar que no estamos solos, que Cristo habita en nosotros y que Su paz es más fuerte que cualquier tormenta. Esa paz no se explica, se experimenta. No se razona, se recibe por fe.

Oración

Señor, gracias por la paz que solo Tú puedes dar. Guarda mi mente y mi corazón en medio de la incertidumbre, y que nada robe el descanso que encuentro en Tu presencia. Amén.

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