La Alegría del Señor es mi Fuerza

“El gozo de Jehová es vuestra fuerza.” Nehemías 8:10
Palabra original: chedvah (חֶדְוָה) – alegría, gozo, júbilo profundo que proviene de Dios, una satisfacción que no depende de lo externo sino de Su presencia.
Reflexión
La mayoría de las personas asocian la fuerza con el esfuerzo, la disciplina o la capacidad de resistir. Sin embargo, la Escritura nos muestra un principio espiritual sorprendente: la verdadera fortaleza no nace de la voluntad humana, sino del gozo en el Señor. Este gozo es mucho más que una emoción pasajera o una sonrisa forzada; es una seguridad profunda que se arraiga en la presencia de Dios y en la certeza de Sus promesas.
El contexto de Nehemías 8 es muy revelador: el pueblo acababa de escuchar la Palabra de Dios después de años de exilio y dificultad. Sus corazones estaban quebrantados y lloraban al ser confrontados por su condición espiritual. Fue entonces cuando los líderes les dijeron que no se entristecieran, porque el gozo de Jehová sería su fortaleza. La alegría que viene de Dios tiene el poder de transformar la tristeza en esperanza y la debilidad en energía renovada.
Este gozo no depende de lo que sucede alrededor. Mientras la alegría del mundo se apaga con los problemas, el gozo que viene de Dios permanece incluso en medio de la adversidad. Es una fuente inagotable que brota de saber que somos amados, perdonados y sostenidos por Él. Cuando nuestro corazón se alegra en el Señor, encontramos fuerzas que humanamente no podríamos explicar: levantamos la cabeza en medio del dolor, perseveramos en medio de la prueba y seguimos adelante con fe en medio de la incertidumbre.
El gozo del Señor también nos recuerda que la victoria final ya está asegurada en Cristo. No importa cuán duras sean las batallas actuales, tenemos la certeza de que el triunfo eterno ya fue ganado en la cruz. Esa convicción nos llena de un júbilo que nos da fuerzas para resistir hoy con esperanza.
Cada día podemos elegir alimentarnos del gozo divino: adorando a Dios, recordando Sus promesas, agradeciendo Sus bondades y permaneciendo en Su presencia. Allí encontramos un gozo que nos fortalece, nos renueva y nos hace testigos vivos de que la verdadera fuerza no está en nosotros, sino en el Señor que vive en nosotros.
Oración
Señor, lléname con Tu gozo que fortalece mi corazón. Que mi energía no dependa de las circunstancias, sino de la certeza de Tu presencia constante. Amén.
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Amén