Fortaleza en la Debilidad

“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” — 2 Corintios 12:9

Astheneia (ἀσθένεια) – Debilidad, incapacidad, fragilidad humana; una condición de carencia de fuerza física, emocional o espiritual.

Reflexión:

La sociedad moderna nos empuja constantemente a aparentar fortaleza: a no mostrar nuestras luchas, a esconder nuestras lágrimas, a proyectar una imagen invencible. Sin embargo, la Palabra de Dios revela una verdad que contradice esta lógica: es en la astheneia, en nuestra fragilidad más evidente, donde el poder de Dios se manifiesta con mayor gloria.

El apóstol Pablo comprendió esto profundamente. A pesar de sus dones y revelaciones, él llevaba consigo una “espina en la carne” que lo mantenía consciente de su dependencia de Dios. Cuando clamó para que fuera quitada, la respuesta de Jesús no fue remover la dificultad, sino recordarle: “Bástate mi gracia.” Aquí está el misterio del Reino: nuestras limitaciones no son obstáculos para Dios; son oportunidades para que Su poder se perfeccione.

La astheneia no es solo debilidad física. Puede ser una lucha emocional, una carga espiritual, un quebranto interno que nos hace sentir insuficientes. Sin embargo, Dios no desprecia esos lugares frágiles: los utiliza como escenarios para Su poder. En nuestra debilidad, aprendemos a dejar de confiar en nuestras fuerzas y a descansar completamente en Su gracia.

Cuando aceptamos nuestra vulnerabilidad ante Dios, no significa resignación, sino entrega. Es reconocer que sin Él no podemos, y justamente ahí Él entra con fuerza sobrenatural. La gracia de Cristo no nos quita la batalla, pero nos equipa para atravesarla. Él no promete ausencia de lucha, sino presencia de poder en medio de ella.

La verdadera fortaleza no se trata de nunca caer, sino de levantarnos en Su nombre. Cada vez que experimentamos astheneia, estamos en una posición perfecta para ver la fidelidad de Dios actuar. Así, nuestra vida se convierte en testimonio vivo: no de lo que nosotros logramos, sino de lo que Su poder hizo en medio de nuestras limitaciones.

Oración:

Señor, gracias porque no me exiges perfección para amarme. En mi debilidad, haz brillar Tu poder. Enséñame a descansar en Tu gracia y a dejar de luchar en mis propias fuerzas. Que cada fragilidad en mi vida sea un recordatorio de que Tú eres suficiente y que Tu poder se perfecciona en mi fragilidad. Que otros vean en mí no mi fuerza, sino Tu fidelidad. Amén.

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