Esperanza Viva

Nos hizo renacer para una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo. 1 Pedro 1:3
Palabra original: elpís (ἐλπίς) – esperanza, expectativa confiada de algo seguro y firme, no un simple deseo incierto.
Reflexión
La esperanza que el mundo ofrece suele ser frágil y pasajera. Se basa en circunstancias, promesas humanas o sueños que muchas veces terminan en desilusión. Pero Pedro nos recuerda que en Cristo tenemos una esperanza viva. No se trata de un optimismo vacío, ni de esperar que las cosas mejoren por casualidad; se trata de una certeza firme que descansa en un hecho histórico y eterno: la resurrección de Jesucristo.
Si Cristo resucitó, nuestra esperanza no es teoría ni ilusión: es realidad comprobada. La tumba vacía es el fundamento de nuestra fe y la garantía de nuestro futuro. Esa esperanza está viva porque no depende de lo que sentimos hoy ni de lo que vemos en el presente, sino de lo que Cristo ya conquistó para siempre.
Esa esperanza nos da fuerza en medio del sufrimiento, porque sabemos que lo que vivimos ahora es temporal, pero lo eterno nos espera. Nos recuerda que el dolor no es la última palabra, que la pérdida no es definitiva, y que la muerte misma ha sido vencida. Por eso, aun cuando las circunstancias quieran apagar nuestra fe, la esperanza viva se enciende dentro de nosotros como una llama que no se extingue.
El creyente que abraza esta esperanza no camina con temor al futuro, sino con confianza. Sabe que cada día tiene propósito y que la eternidad está asegurada. No es una esperanza estática, es dinámica, activa y transformadora: nos impulsa a vivir con fe, a perseverar y a testificar del Cristo resucitado que habita en nosotros.
Oración
Padre amado, gracias porque en medio de un mundo lleno de incertidumbre Tú me diste una esperanza viva. No quiero vivir preso de mis miedos ni de lo que mis ojos ven, porque mi fe descansa en el Cristo resucitado. Te pido que renueves mi confianza cada día y que recuerde que mi futuro está en Tus manos, seguro y firme.
Señor, cuando las pruebas intenten desanimarme, hazme mirar hacia la tumba vacía y recordar que nada puede apagar la vida que Tú has puesto en mí. Que mi esperanza no se apague, que mi fe se mantenga fuerte y que mi corazón siempre sepa que mi destino está en lo eterno. Amén.
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Si hay algo seguro es la esperanza que tenemos en Cristo, un día estar con el eternamente. Si el lo prometió, lo cumplirá.