El Dios que Ve la Semilla en el Desierto

“He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz. Haré camino en el desierto y ríos en la soledad.” Isaías 43:19

midbār (מִדְבָּר)desierto, lugar árido, terreno sin vida… pero también el lugar donde Dios habla, guía y transforma.
En hebreo, midbār no es solo un paisaje seco; es el espacio donde Dios desmantela lo viejo y siembra lo nuevo, donde la voz divina se oye más clara porque todo lo demás queda en silencio.

Reflexión:
El desierto es esa etapa donde no ves fruto, no sientes avance y cada paso parece repetirse. Es duro, solitario y muchas veces incomprendido. Pero en la Biblia, el desierto nunca es un lugar de abandono; es un lugar de formación divina.
Allí se purifican intenciones, se fortalecen convicciones y se remodelan corazones.

Israel recibió la ley en el desierto.
Moisés fue llamado en el desierto.
Elías escuchó el susurro en el desierto.
Jesús venció al enemigo en el desierto.

Lo que parece infertilidad es, en realidad, una tierra donde Dios planta lo que crecerá después.
El desierto es incómodo, pero es fértil para el propósito.

Dios no espera que la tierra esté lista para sembrar. Él siembra en la sequedad porque Su palabra no depende del terreno para brotar.
Cuando tú ves polvo, Dios ve semilla.
Cuando tú ves soledad, Él ve profundidad.
Cuando tú ves falta de recursos, Él ve espacio para milagros.

Los ríos no aparecen donde ya hay agua; aparecen donde es imposible que fluyan. Así también, Dios envía provisión, claridad, fuerza y dirección en lugares donde humanamente nada debería crecer.

El desierto no es castigo, es preparación.
No destruye tu fe; la madura.
No apaga tu propósito; lo enfoca.
No te detiene; te moldea para lo que viene.

Y cuando Dios decide hacer camino en tu desierto, no abre senderos pequeños: abre rutas imposibles, donde antes solo había sequedad. Los ríos que Él promete no son simbólicos, son vida real en medio de lo árido.

Si estás en un desierto, no te desesperes: Dios está viendo tu semilla, aunque tú apenas veas polvo. El milagro ya empezó debajo de la superficie.

Oración:
Padre, habla en mi desierto y transforma mi sequedad.
Haz brotar vida donde hoy solo veo vacío.
Abre caminos que mis fuerzas no pueden abrir.
Y madura mi fe hasta que vea tus promesas florecer.

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Respuestas

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  1. estoy pasando por ese desierto pero mi confianza esta puesta en Dios que se me va a dar nuevas fuerzas como el bufalo y alas nuevas como las aguilas solo esperar en fe y confianza en mi rey y mi señor.