El Dios que Sustenta Bajo el Peso

“Echa sobre Jehová tu carga, y Él te sustentará.” Salmo 55:22
yābal (יָבַל) – transportar algo demasiado pesado para ser llevado por manos humanas; cargar con cuidado, guiar mientras sostiene el peso por ti.
Reflexión:
Hay cargas que no fueron hechas para que el ser humano las lleve: preocupaciones que drenan el alma, responsabilidades que aplastan el espíritu, recuerdos que pesan más que el presente, expectativas que doblan los hombros.
Aun así, insistimos en cargarlas, por orgullo, por miedo, por silencio o porque creemos que nadie más debería tener que lidiar con ellas.
Pero el salmista revela un secreto divino: Dios no te pide que cargues el peso… Él te pide que lo entregues.
“Echa sobre Jehová tu carga” no es un gesto simbólico, es un acto de rendición profunda. Es reconocer que el peso existe, pero que no te pertenece.
Y cuando lo entregas, algo extraordinario sucede: Dios no solo lleva la carga… Él te sostiene mientras la lleva.
Él sostiene las emociones que se derrumban en silencio.
Él sostiene el cuerpo que no descansa por la preocupación.
Él sostiene la mente que no deja de correr.
Él sostiene la fe cuando parece demasiado frágil.
Dios entiende lo que tú aún no sabes nombrar.
Él siente lo que pesa, incluso antes de que pese sobre ti.
Y Su sostén no es duro, ni frío, ni distante, es el sostén de un Padre que carga en brazos mientras guía el camino.
La fuerza de Dios nunca aplasta, siempre levanta.
Y aquello que hoy parece insoportable, en Sus manos se vuelve ligero lo suficiente para que sigas avanzando.
Oración:
Señor, toma mi carga y mi cansancio.
Sostén mis hombros debilitados.
Alivia el peso que ya no puedo llevar.
Y haz que mi alma descanse en Tu presencia.
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