El Dios que Sostiene la Espera

“Mi alma espera en Jehová, y en Su palabra he esperado.” Salmo 130:5

qāwāh (קָוָה) — esperar con esperanza activa, permanecer con tensión confiada, resistir sin soltarse mientras el tiempo se estira.
No es una espera pasiva, sino una expectativa firme que se aferra a la promesa aun cuando no hay señales visibles.

Reflexión:
La espera es uno de los procesos más profundos y menos comprendidos de la vida espiritual. No porque sea fácil, sino porque confronta nuestra necesidad de control. Esperar no es quedarse inmóvil; es permanecer fiel cuando nada parece moverse. Es el lugar donde se revelan las verdaderas motivaciones del corazón.

Dios no usa la espera para castigarnos, sino para formarnos. Mientras esperamos, Él purifica deseos, ajusta expectativas y fortalece la fe que no depende de resultados inmediatos. La demora aparente no es abandono; es preparación silenciosa. Dios trabaja en lo profundo mientras nosotros aprendemos a confiar en lo invisible.

Quien espera en Dios aprende a descansar sin entenderlo todo. Aprende que la esperanza no nace de la rapidez, sino de la fidelidad de Aquel que prometió. La espera sostenida por Dios no desgasta; madura. Y el alma que aprende a esperar descubre que nunca estuvo sola, solo estaba siendo sostenida.

Oración:
Señor, sostén mi corazón en la espera.
Guárdame de la ansiedad y la desesperación.
Confío en Tu tiempo y en Tu fidelidad.
Aquí permanezco en Ti.

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