El Dios que Sana lo Oculto

“He aquí, Tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.” Salmo 51:6

ṭûaḥ (טוּחַ) — lo oculto, lo interno, aquello que está cubierto y no expuesto a la vista.
Se refiere al lugar más profundo del ser, donde se guardan heridas, pensamientos y luchas que no se comparten.

Reflexión:
La sanidad más necesaria suele ser la menos visible. Hay áreas del corazón que aprendieron a esconderse para sobrevivir: culpas no confesadas, dolores no llorados, miedos que nunca encontraron palabras. Dios no ignora esos lugares; los conoce y los busca. Él no sana lo que fingimos estar bien, sana lo que nos atrevemos a entregar.

El salmo no dice que Dios ama la apariencia correcta, sino la verdad en lo íntimo. Allí donde nadie aplaude ni juzga, Dios trabaja con paciencia y luz. Su obra no es superficial ni apresurada; es profunda y transformadora. La sanidad verdadera comienza cuando dejamos de huir y permitimos que Su verdad ilumine lo que fue cubierto por vergüenza o temor.

Dios no entra para condenar, entra para restaurar. Cuando Su luz toca lo oculto, no expone para herir, sino para sanar. En ese encuentro, el corazón aprende que no necesita esconderse más. La verdad aceptada en lo profundo se convierte en sabiduría que libera.

Oración:
Señor, entra en lo más profundo de mi ser.
Sana lo que he mantenido oculto.
Ilumina mi interior con Tu verdad.
Aquí me rindo delante de Ti.

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