El Dios que Rompe Cadenas

“Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones.” Salmo 107:14
Palabra original: pāthach (פָּתַח) – abrir, liberar, romper lo que encierra, abrir paso donde había un cierre imposible.
Reflexión
La vida del hombre, sin Dios, muchas veces se asemeja a una prisión invisible: cadenas de culpa, de adicciones, de temores, de heridas que parecen perpetuas. El salmista describe cómo el Señor no solo ilumina la oscuridad, sino que también actúa con poder para romper lo que parecía indestructible. Pāthach no significa simplemente “abrir” una puerta, sino abrir con autoridad, romper cerrojos y derribar muros que mantienen al cautivo encerrado.
El pecado, la opresión espiritual y las circunstancias adversas tienen la capacidad de esclavizar al alma. Podemos caminar libres por fuera, pero estar atados por dentro: a la ansiedad, a la falta de perdón, a los fracasos del pasado. Sin embargo, la obra de Cristo en la cruz no solo nos da perdón, también nos da libertad real y tangible. Él rompe las cadenas que limitan nuestro caminar y nos conduce a una vida de propósito y plenitud.
Lo que parecía definitivo –un matrimonio roto, un hábito imposible de vencer, un corazón marcado por el dolor– se convierte en testimonio vivo del poder de Dios cuando Su gracia interviene. Porque donde el hombre dice “no hay salida”, Dios abre camino; donde todo parece cerrado, Él rompe las cadenas y libera al cautivo.
Caminar con Cristo es vivir en esta certeza: la verdadera libertad no se encuentra en la ausencia de dificultades, sino en la presencia del Dios que rompe cadenas. La libertad que Él ofrece no es parcial ni temporal, sino completa y eterna.
Oración
Señor, gracias porque en Ti hay libertad verdadera. Rompe toda cadena que aún me ata y enséñame a vivir plenamente en la libertad gloriosa de tus hijos. Amén.
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