El Dios que Reúne lo Disperso

“Buscaré la perdida, haré volver al redil la descarriada, vendaré la perniquebrada y fortaleceré la débil.” Ezequiel 34:16

qābaṣ (קָבַץ) — reunir cuidadosamente, recoger uno por uno, juntar lo que fue dispersado sin violencia.
No implica prisa ni imposición, sino paciencia, intención y ternura. Es el acto de volver a dar unidad a lo que fue roto.

Reflexión:
Hay dispersiones que no se ven desde fuera. El alma puede seguir funcionando mientras por dentro está fragmentada. El dolor no resuelto, la culpa acumulada, las pérdidas no lloradas y el miedo prolongado van esparciendo partes de nosotros hasta que ya no sabemos dónde quedó nuestra fuerza, nuestra alegría o incluso nuestra fe.

Dios no se acerca exigiendo que te recompongas. Él no espera que vuelvas entero. Se presenta como Pastor que busca, que encuentra y que reúne. No levanta la voz para llamar a lo que se perdió; camina hasta donde estás. Su obra no es apresurada, porque lo que está quebrado no se restaura con rapidez, sino con cuidado.

Nada que fue dispersado en Dios queda olvidado. Él reúne recuerdos, identidad, propósito y esperanza. Donde tú ves fragmentos irreparables, Él ve piezas que aún pueden ser restauradas. El redil no es un lugar de juicio, es un lugar de regreso. Y volver a Dios no es retroceder: es volver a ser uno.

Oración:
Señor, reúne lo que se dispersó dentro de mí.
Sana con paciencia lo que fue herido.
Devuélveme la unidad que perdí en el camino.
Aquí estoy, vuelvo a Ti.

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