El Dios que Restaura los Años Perdidos

“Y os restituiré los años que comió la langosta, el pulgón, el saltón y la oruga…” Joel 2:25

shālam (שָׁלַם)restituir completamente, devolver con abundancia, traer plenitud donde hubo vacío, reparar más allá de lo que fue dañado.
En hebreo, shālam implica mucho más que recuperar lo perdido: es recibir de vuelta en mejor estado del que se fue, es Dios tomando lo quebrado y devolviéndolo transformado, multiplicado y lleno de propósito.

Reflexión:
Los “años que comió la langosta” representan temporadas marcadas por dolor, decisiones equivocadas, oportunidades desperdiciadas, pecados que dejaron cicatrices, relaciones rotas o caminos que nunca debieron haberse tomado. Joel no habla de días, sino de años. Años enteros devorados por circunstancias, enemigos, errores o procesos inexplicables.

Pero la promesa de Dios es radical: Él no te devuelve el tiempo, te devuelve el fruto.
No retrocede el reloj, pero hace que el futuro tenga el poder que el pasado no tuvo. Donde tú ves pérdida, Él ve terreno para multiplicación. Donde ves desierto, Él ve siembra futura. Donde ves estéril, Él ve fértil. Porque la restauración de Dios no es aritmética, es milagrosa.

Dios no se limita a compensar: Él sobrecompensa.
Si lloraste, sembraste.
Si perdiste, Él prepara cosecha.
Si caíste, Él escribe resurrección.
Los años de vergüenza pueden volverse años de honra, y los años estériles pueden convertirse en los años más fructíferos de tu vida cuando Dios interviene.

A veces, pensamos que desperdiciamos demasiado, que arruinamos demasiado, que ya es tarde. Pero Joel deja claro que Dios gobierna también sobre el tiempo, y donde tú ves “pasó demasiado tiempo”, Él dice: “Yo soy el Dios que restaura lo que el tiempo destruyó.”

No importa cuán larga fue la noche; si Dios habla, viene amanecer. La langosta no tiene la última palabra: la tiene el Dios que hace todas las cosas nuevas.

La restauración divina no es volver al punto inicial; es volver más maduro, más fuerte, más sabio, más profundo. El dolor que no entendiste será la plataforma del propósito que sí entenderás. En Dios, ningún año es desperdiciado cuando Él decide intervenir.

Oración:
Padre, restaura con tu poder mis años perdidos.
Haz fértil lo que la vida secó.
Devuélveme propósito donde hubo dolor.
Y multiplica lo que el enemigo intentó destruir.

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Respuestas

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  1. Agradezco a Dios por su Palabra de vida que nos transforma, nos restaura y nos restituye el fruto.Agradezco a Dios porque en cada tropiezo me fortalezco y confio en que Dios esta de mi lado .