El Dios que Restaura la Identidad

“Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí;
te puse nombre, mío eres tú.”
Isaías 43:1

qārā’ (קָרָא) — llamar con propósito, pronunciar un nombre para establecer identidad, asignar valor y pertenencia.
No es solo decir un nombre, es afirmar quién alguien es y a quién pertenece.

Reflexión:
La identidad es uno de los primeros lugares donde el dolor deja marcas. Las caídas, los fracasos y las palabras incorrectas de otros pueden distorsionar la forma en que nos vemos. Con el tiempo, muchos dejan de vivir desde lo que Dios dijo y comienzan a vivir desde lo que les pasó. Pero Dios no define a Sus hijos por sus errores, sino por Su llamado.

En Isaías 43, Dios no comienza corrigiendo al pueblo, sino recordándole quién es. Antes de hablar de restauración, afirma identidad. “Te puse nombre” significa que Dios no te reconoce por etiquetas ajenas, ni por versiones rotas de tu historia. Él te llama desde la creación, no desde la caída.

La restauración verdadera no empieza cuando todo mejora externamente, sino cuando el corazón vuelve a escuchar la voz correcta. Cuando Dios te llama por nombre, rompe las mentiras que te redujeron y devuelve dignidad a lo que fue herido. La identidad sana cuando dejamos de preguntarnos quiénes somos según el pasado y empezamos a vivir según lo que Dios declaró.

Escuchar de nuevo la voz de Dios no solo consuela, redefine. Y cuando Él dice “mío eres tú”, establece pertenencia, seguridad y propósito. Nadie que pertenece a Dios vive sin identidad.

Oración:
Padre, recuérdame quién soy en Ti.
Sana las heridas que distorsionaron mi identidad.
Renuevo mi mente con Tu verdad.
Soy Tuyo y descanso en ello.

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