El Dios que Repara lo Invisible

“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón.” Salmo 34:18
dāqā’ (דָּכָא) — quebrar por dentro, aplastar internamente, herida silenciosa del alma que no siempre se manifiesta hacia afuera. Describe un quebranto profundo que no hace ruido, pero pesa.
Reflexión:
No toda herida sangra. Algunas se abren en el interior, lejos de la mirada ajena, donde no llegan las palabras ni los gestos. Son quiebres que ocurren cuando se acumulan decepciones, pérdidas, silencios prolongados o expectativas que no se cumplieron. El corazón sigue latiendo, la vida continúa, pero algo por dentro quedó aplastado.
La Escritura no dice que Dios se acerque a los que aparentan fortaleza, sino a los quebrantados de corazón. El dāqā’ revela un dolor que no se explica fácilmente, una presión interna que va desgastando el alma. Y es precisamente ahí donde Dios decide habitar. No se acerca para exigir explicaciones ni para minimizar el sufrimiento, sino para reparar lo que nadie vio romperse.
Donde otros pasan de largo, Dios se detiene.
Donde otros no entienden, Dios permanece.
Donde el dolor fue ignorado, Dios toca con cuidado.
La cercanía de Dios no es una recompensa por resistir, sino un refugio para quienes ya no pueden sostenerse solos. Él no espera que ordenes tu dolor antes de acercarte; Él se acerca para ordenarlo contigo. La reparación divina no es rápida ni superficial: es paciente, profunda y restauradora.
Si hoy llevas una herida que nadie conoce, recuerda esto: no estás solo en ese lugar oculto. Dios camina hacia lo invisible, se inclina hacia lo quebrado y comienza a sanar desde dentro. Su cercanía es la garantía de que lo que fue aplastado no quedará así para siempre.
Oración:
Señor, acércate a mi herida invisible.
Sana lo que se quebró en silencio.
Sostén mi corazón cansado.
Descanso en Tu cercanía fiel.
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