El Dios que Permite la Noche

“Porque un momento será Su ira, pero Su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro,
y a la mañana vendrá la alegría.” Salmo 30:5
lāyil (לַיְלָה) — noche, tiempo de ocultamiento, período donde la visión se limita y la orientación depende de la confianza más que de la vista.
No solo describe oscuridad física, sino una etapa donde el alma camina sin certezas visibles.
Reflexión:
La noche espiritual no es castigo ni abandono; es un espacio permitido por Dios para formar una fe más profunda. En la noche, las emociones se intensifican, las preguntas aumentan y el silencio parece más fuerte que las respuestas. Es allí donde el corazón descubre en qué se apoya cuando la luz desaparece.
Dios no elimina todas las noches, porque hay cosas que solo se aprenden en la oscuridad. Durante la noche, la fe deja de depender de señales externas y aprende a confiar en el carácter de Dios. Aunque no veas Su mano, Él sigue obrando. Aunque no sientas Su voz, Él permanece cerca. La noche no detiene la promesa; la prepara para manifestarse con mayor profundidad.
El llanto de la noche no es desperdiciado. Dios lo recoge, lo transforma y lo usa para dar forma a una alegría más sólida, no superficial. Quien atraviesa la noche con Dios no sale igual: sale con una fe menos frágil, una esperanza más anclada y una relación más verdadera. La mañana llega no porque la noche fue corta, sino porque Dios fue fiel durante ella.
Oración:
Señor, sostén mi corazón en la noche.
Cuando no vea salida, ayúdame a confiar.
Sé mi refugio en la oscuridad.
Espero en Ti con fe.
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