El Dios que Permanece Fiel en la Espera

“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” Salmo 40:1

qāvāh (קָוָה) – esperar con una esperanza que se estira sin romperse; permanecer firme bajo tensión, como una cuerda tensada que no se quiebra.

Reflexión:
Esperar en Dios no es pasividad; es resistencia espiritual. La palabra qāvāh describe una espera que soporta presión, una fe que se estira, pero no se rompe. No es una espera cómoda, sino una espera confiada en medio de la tensión.

Muchas veces pensamos que Dios guarda silencio porque está ausente, cuando en realidad está obrando en dimensiones que todavía no vemos. La espera no es un paréntesis vacío en la historia; es el taller donde Dios forma carácter, purifica motivaciones y alinea el corazón con Su propósito.

Mientras tú esperas, algo profundo ocurre:
• la autosuficiencia se debilita,
• la dependencia se fortalece,
• la fe se vuelve más auténtica,
• y la esperanza aprende a descansar.

Dios no se retrasa. Él se inclina.
El salmista no dice que Dios llegó tarde, sino que se inclinó para escuchar. La espera no aleja a Dios; lo acerca. Cada día de espera estira tu fe para que pueda sostener lo que vendrá después.

Si hoy sientes que la espera duele, recuerda esto:
Dios no abandona a quienes esperan en Él.
La espera no te está rompiendo — te está preparando.
Y lo que Dios promete, siempre llega sostenido por Su fidelidad.

Oración:
Señor, enséñame a esperar sin rendirme.
Fortalece mi fe cuando la espera pesa.
Confío en Tu tiempo perfecto.
Sostén mi corazón mientras espero en Ti.

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