El Dios que Permanece Fiel

“Si fuéremos infieles, Él permanece fiel; Él no puede negarse a Sí mismo.” 2 Timoteo 2:13

pistós (πιστός) — firme, digno de confianza, constante en el tiempo, inmutable en su carácter.
No describe una reacción momentánea, sino una naturaleza que no cambia, aun frente a la inconstancia humana.

Reflexión:
La fidelidad de Dios no se sostiene sobre tu desempeño, sino sobre Su identidad. Él no es fiel porque tú lo seas; Él es fiel porque no puede ser otra cosa. Cuando el ser humano vacila, Dios permanece. Cuando la fe se debilita, Su carácter no se altera. Esta verdad no minimiza el pecado, pero sí protege al corazón arrepentido de la desesperación.

Pablo afirma que Dios no puede negarse a Sí mismo. Esto significa que Su fidelidad no depende de tus aciertos ni de tus caídas, sino de Su propia esencia. Si dependiera de nosotros, la gracia se agotaría; pero como depende de Él, permanece firme. La fidelidad de Dios no excusa la desobediencia, pero abre camino para la restauración.

En los momentos en que fallamos, la tentación es huir, escondernos o rendirnos. Sin embargo, es justamente allí donde la fidelidad de Dios se manifiesta con mayor claridad. Él no abandona al que lucha, no rechaza al que vuelve, no se cansa del que se arrepiente. Su fidelidad es el suelo firme donde el arrepentido puede levantarse de nuevo.

Saber que Dios permanece fiel no nos invita a relajarnos en el pecado, sino a regresar con confianza. Porque quien confía en la fidelidad de Dios aprende a vivir sostenido por la gracia, no por el miedo al error.

Oración:
Padre, gracias por Tu fidelidad constante.
Aun cuando fallé, Tú no cambiaste.
Me sostengo en Tu gracia y Tu verdad.
Confío en Ti con todo mi corazón.

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