El Dios que Permanece en el Proceso Largo

“Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” Santiago 1:4

teleióō (τελειόω) — llevar algo a su fin intencional, completar un proceso hasta su madurez, formar algo plenamente según su propósito original.
No habla de rapidez, sino de profundidad y plenitud.

Reflexión:
Vivimos en una cultura que acelera todo y abandona lo que tarda. Pero Dios no trabaja con prisa, porque no improvisa resultados. Cuando Él inicia un proceso, lo hace con la intención de formar, no solo de resolver. Lo que llamamos “demora” muchas veces es el tiempo necesario para que el carácter alcance la madurez que el propósito exige.

Dios no está interesado únicamente en llevarte a un destino, sino en quién te estás convirtiendo mientras caminas hacia él. El proceso largo confronta la impaciencia, expone la dependencia y revela si nuestra fe está basada en resultados o en confianza. La paciencia no es pasividad; es una fe activa que decide permanecer aun cuando no entiende.

Cuando Dios parece silencioso, no está ausente. Él está trabajando en lo profundo, donde los cambios no son visibles pero sí permanentes. El proceso largo no es señal de abandono, es evidencia de que Dios considera valioso lo que está formando en ti. Lo que Él madura, permanece.

Oración:
Señor, enséñame a permanecer sin rendirme.
Sostén mi fe mientras Tú completas Tu obra.
Confío en Tu tiempo y en Tu proceso.
Forma en mí lo que Tú deseas.

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