El Dios que Pelea por Nosotros

“Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.” Éxodo 14:14

lācham (לָחַם)luchar, combatir, enfrentarse en batalla por otro con celo protector y determinación divina.
En hebreo, lācham no se usa para cualquier batalla, sino para una guerra en la que Dios mismo entra en acción a favor de Su pueblo. Es un verbo cargado de defensa, intervención y justicia. Implica que cuando tú no puedes, Él toma tu lugar en el campo de batalla.

Reflexión:
Israel estaba atrapado: el mar delante, el ejército de Faraón detrás, y el miedo dentro. No había estrategia humana que sirviera, no había salida lógica ni fuerza suficiente para resistir. Fue entonces cuando Dios habló: “Estad quietos… yo pelearé por ustedes.”
No dijo “ayuden”, “luchen”, “corran” o “se esfuercen”. Dijo “estén tranquilos”. En el Reino, la paz a veces es más poderosa que la fuerza. La quietud no es pasividad, es confianza armada.

La batalla de Dios es invisible, pero real. Él pelea en dimensiones que tus ojos no pueden ver:
— desarma planes del enemigo,
— rompe cadenas espirituales,
— abre caminos donde no existen,
— y establece victorias que no dependen de tu capacidad, sino de Su palabra.

Cuando Dios pelea por ti, tus enemigos no desaparecen porque seas fuerte, sino porque Él se interpone entre tú y ellos. Su presencia es tu muro, Su mano tu defensa, Su gloria tu escudo.
El mar que parecía un obstáculo se convierte en camino; el enemigo que parecía invencible se convierte en testigo de la fidelidad divina.

La invitación de Éxodo 14:14 es radical: renuncia a la ansiedad de pelear batallas que no te pertenecen. Hay guerras que no se ganan luchando, sino rindiéndose; no se vencen con movimiento, sino con quietud; no se conquistan con gritos, sino con confianza.
Dios no necesita tu espada, solo tu fe. Y cuando Él pelea, Su victoria es irreversible, completa y eterna.

Quizás hoy te sientes como Israel: rodeado, presionado, sin salida. Pero la palabra sigue siendo la misma: “Yo pelearé por ti.”
Y cuando el Eterno declara guerra, ningún Faraón permanece de pie.

Oración:
Señor, pelea mis batallas con tu poder.
Guárdame en tu paz mientras actúas a mi favor.
Rompe todo plan del enemigo y abre camino donde no lo veo.
Que tu victoria sea mi descanso y mi confianza.

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