El Dios que Nos Sostiene con Su Mano Derecha

“No temas, porque Yo estoy contigo; no desmayes, porque Yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sostendré con la diestra de mi justicia.” Isaías 41:10
tāmak (תָּמַךְ) – sostener con firmeza, agarrar con fuerza para impedir una caída, afirmar hasta que la persona recupere estabilidad.
En hebreo, tāmak no describe un gesto suave, sino un agarre firme, una mano que no permite que te derrumbes aunque todo dentro de ti esté temblando. Es apoyo, es fuerza, es seguridad absoluta.
Reflexión:
Hay temporadas en las que el peso de la vida parece demasiado. La mente se cansa, las emociones se quiebran, el cuerpo se agota, y el espíritu siente que ya no tiene más que dar. En esos días, los días donde ni siquiera puedes sostenerte a ti mismo, Dios dice: “Yo te sostengo.”
Y no te sostiene con cualquier mano, sino con Su diestra, símbolo de poder, justicia, victoria y autoridad.
La mano que abrió el Mar Rojo, que levantó a Jesús de entre los muertos, que creó galaxias con una palabra… esa es la mano que te sostiene hoy.
Cuando no puedes seguir, Él no te exige fuerzas; Él te las da.
Cuando sientes que caes, Él no te acusa; Él te levanta.
Cuando te tambalea el corazón, Él no se aleja; Él te afirma.
Dios no promete ausencia de batallas, pero sí promete que en cada batalla Su mano estará debajo de ti.
Y no solo para impedir una caída, sino para acompañar tu proceso, estabilizar tu alma y recordarte que no estás caminando solo.
A veces, Él te sostiene fuerte porque estás débil.
Otras veces, te sostiene suave porque estás quebrado.
Pero siempre te sostiene.
La caída que temes no sucederá, porque tu historia no depende de tu fuerza, sino de Su mano.
Cuando la ansiedad quiere derrumbarte… Su mano te sostiene.
Cuando el miedo quiere paralizarte… Su mano te sostiene.
Cuando el cansancio quiere doblar tus rodillas… Su mano te sostiene.
Y mientras Su mano esté sobre ti, ninguna circunstancia podrá derribarte.
Oración:
Padre, sosténme con tu mano poderosa.
Afirmo mi corazón en tu presencia.
No permitas que mi fe desmaye.
Sé mi fuerza cuando mi alma se agote.
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