El Dios que No Se Cansa de Buscar

“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?” Lucas 15:4
zētéō (ζητέω) — buscar con perseverancia activa, procurar con intensidad, no abandonar la búsqueda hasta hallar lo que se ama.
No expresa curiosidad ocasional, sino una decisión firme de no rendirse.
Reflexión:
La lógica humana se rinde con facilidad. Calcula pérdidas, evalúa riesgos y sigue adelante. Pero la lógica del Reino es distinta: Dios no reemplaza lo que se pierde, lo busca. Él no hace balances fríos; se mueve por amor. Cuando una oveja se extravía, Dios no dice “ya volverá”, Él sale al camino.
Dios no se cansa cuando tú te alejas. No interpreta tu distancia como rechazo definitivo. Él conoce las razones del desvío: cansancio, heridas, confusión, culpa. Por eso no grita desde lejos, se acerca. La búsqueda de Dios no es ruidosa, es constante. No es violenta, es paciente. No es acusadora, es redentora.
Si hoy te sientes lejos, no es señal de que Dios se apartó. Es evidencia de que Él sigue en movimiento hacia ti. Su amor no depende de tu orientación, sino de Su fidelidad. La oveja no encuentra el camino de regreso; es el Pastor quien la encuentra primero. Y cuando lo hace, no la reprende: la carga sobre Sus hombros.
Oración:
Padre, gracias por no rendirte conmigo.
Aun cuando me perdí, Tú me buscaste.
Aquí estoy, respondo a Tu llamado.
Vuelvo a Ti con todo mi corazón.
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