El Dios que Multiplica lo Poco

“Y tomando los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, los bendijo.” Mateo 14:19

eulogéō (εὐλογέω) – bendecir, hablar bien de algo, impartir fruto y favor divino sobre lo que parece limitado.

Reflexión:
Dios nunca ha necesitado abundancia para manifestar Su poder. El milagro de los panes y los peces no comenzó en la multitud, sino en las manos que ofrecieron lo poco con fe. Aquello que parecía insignificante fue suficiente para alimentar a miles, porque cuando algo toca las manos de Jesús, deja de ser poco.

El joven del relato no tenía un banquete, tenía una ofrenda. Y ese gesto sencillo revela un principio eterno: Dios no multiplica lo que escondemos, sino lo que entregamos. La bendición no está en la cantidad, sino en la entrega.
Cuando Jesús tomó los panes, los miró, los bendijo y los partió, nos mostró el proceso de toda multiplicación divina: lo que Él toma, lo bendice; lo que bendice, lo parte; y lo que parte, lo multiplica. La bendición siempre viene acompañada de quebrantamiento.

A veces pedimos abundancia, pero Dios responde con una instrucción: “Dame lo poco que tienes.” Porque no es la medida lo que produce el milagro, sino la fe que lo entrega.
El poder de Dios se manifiesta en la aparente insuficiencia. La fe comienza cuando dejamos de mirar lo que falta y empezamos a mirar quién lo sostiene.

Cada vez que nos sentimos limitados en recursos, fuerzas o tiempo, el cielo no se impresiona por nuestra escasez. Jesús solo espera que pongamos el “poco” sobre Su mesa, porque en Su presencia, lo poco deja de ser poco y se convierte en testimonio.

En el Reino de Dios, los principios se invierten: los que se vacían son llenos, los que dan reciben, los que se entregan son multiplicados.
Dios no nos pide perfección, nos pide disposición. Porque una semilla rendida puede producir una cosecha eterna.

Lo poco en las manos de un hombre es nada; pero lo poco en las manos de Dios es el inicio de un milagro.

Oración:
Señor, toma lo poco que tengo y multiplícalo para Tu gloria. Haz que cada semilla en mis manos se convierta en fruto para Tu Reino.

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