El Dios que Lleva Nuestras Cargas

“Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.” Salmo 55:22

Shalak (שָׁלַךְ) – arrojar con fuerza, soltar completamente, dejar caer sin reservas en manos seguras.

Reflexión:
El alma humana fue creada para depender de Dios, no para cargar sola con el peso de la vida. Sin embargo, insistimos en llevar sobre nuestros hombros lo que solo el Señor puede sostener. Las preocupaciones, los temores y las heridas se convierten en cargas que agotan el corazón y debilitan la fe. Por eso el salmista nos invita a hacer un acto de liberación: “echar”, es decir, arrojar con decisión todo lo que nos oprime hacia las manos del Dios que nunca falla.

El verbo shalak en hebreo no sugiere un gesto suave o simbólico, sino un movimiento enérgico, como quien lanza algo lejos para no volver a tomarlo. Es una entrega total, un desprendimiento de control. Soltar la carga no es señal de debilidad, sino de confianza: significa reconocer que Dios puede manejar lo que nosotros no podemos. Cada vez que soltamos nuestras cargas ante Él, la ansiedad pierde poder y el alma respira otra vez.

Pero Dios no solo recibe lo que entregamos, Él nos sostiene. No se limita a aliviar momentáneamente el peso; se convierte en el soporte permanente de nuestra vida. Él nos levanta cuando caemos, nos afirma cuando vacilamos y nos renueva cuando sentimos que no podemos más. No promete una existencia sin problemas, pero sí una comunión donde la carga se vuelve ligera porque Su presencia la comparte.

La fe madura no consiste en evitar las cargas, sino en saber a quién entregarlas. Es en esa rendición diaria donde aprendemos a descansar verdaderamente. El que confía en el Señor no es el que no tiene peso, sino el que ha aprendido a descansar bajo la sombra de Aquel que lo lleva todo. Dios no solo es quien quita la carga: es quien la transforma en testimonio.

Así, cada preocupación depositada en Sus manos se convierte en un altar de confianza, y cada lágrima soltada ante Él se transforma en una semilla de paz. Cuando dejamos de aferrarnos al control, descubrimos que el descanso no se encuentra en tener todas las respuestas, sino en estar sostenidos por el Dios que nunca se cansa.

Oración:
Señor, hoy arrojo ante Ti todo lo que me pesa. Enséñame a soltar sin miedo y a descansar en Tu fidelidad. Sé Tú quien sostiene mi alma cuando mis fuerzas se agotan.

Inicia sesión para completar el devocional y ganar puntos.

Artículos relacionados

Respuestas

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *