El Dios que Levanta del Polvo

“Él levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del muladar.” Salmo 113:7
ʿāp̄ar (עָפָר) – polvo, ceniza fina, ruina; aquello que parece insignificante a los ojos humanos; lugar de olvido, abandono y nulidad.
En la Biblia, ʿāp̄ar es el punto más bajo de la existencia humana, el lugar donde nadie quiere estar, pero donde Dios siempre decide comenzar algo nuevo.
Reflexión:
El polvo representa todo lo que perdimos, todo lo que se rompió, todo lo que nos dejó sin forma. Representa la historia que se derrumbó, los capítulos que nos avergüenzan y las áreas que creemos irreversibles.
Pero es precisamente en el polvo, no en el palacio, donde Dios manifiesta Su poder de manera más profunda.
Él no espera que estés limpio, organizado o presentable.
Desciende al lugar donde caíste, no para reprenderte, sino para levantarte.
El toque de Dios no evita el polvo: lo transforma.
Nadie imagina que algo valioso pueda surgir del polvo, pero Dios siempre comienza donde el mundo termina.
• Del polvo, Él formó a Adán.
• De las cenizas, levantó Jerusalén.
• De los rechazados, levantó profetas.
• De los olvidados, construyó historias eternas.
El problema no es estar en el polvo, el problema es creer que el polvo es el final.
Para Dios, el polvo no es sepultura; es tierra fértil.
Donde otros ven suciedad, Dios ve materia prima.
Donde otros ven ruina, Él ve fundamento.
Donde otros ven derrota, Él ve reinicio.
El polvo es el lugar donde muere el orgullo y donde florece la gracia.
Es el escenario perfecto para que Dios muestre que no es la posición lo que define a un hombre, sino el toque del Creador que redefine su historia.
Cuando Dios decide levantar a alguien del polvo, nadie puede impedirlo.
Su toque restaura dignidad, limpia la vergüenza, reconstruye identidad y reacende propósito.
Y cuando Él levanta, levanta para siempre.
Si hoy sientes que estás en el polvo, sea emocionalmente, espiritualmente o en alguna área de tu vida, recuerda: Dios comienza exactamente ahí.
El polvo que temes es el escenario del milagro que Él está preparando.
Oración:
Señor, levántame del polvo con tu mano poderosa.
Restaura mi dignidad y limpia mis ruinas.
Haz nuevo lo que fue destruido.
Y convierte mis cenizas en testimonio para tu gloria.
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