El Dios que Habla Desde las Alturas

“Estaré en mi torre de vigilancia… y vigilaré para ver lo que Él me dirá.” Habacuc 2:1
mišmār (מִשְׁמָר) – torre de vigía, lugar alto designado para observar, discernir y recibir instrucciones con claridad.
En hebreo, la idea no es solo altura física, sino elevación espiritual: una postura interna que elimina distracciones para permitir que la voz de Dios sea percibida sin interferencias.
Reflexión:
Habacuc no subió a la torre para escapar del mundo, sino para verlo con los ojos de Dios.
Estaba rodeado de injusticia, del aparente silencio divino, de ansiedad nacional y de preguntas sin respuesta. Aun así, eligió subir, no emocionalmente, sino espiritualmente.
La torre es símbolo de disciplina espiritual:
• donde el ruido de abajo disminuye,
• donde la perspectiva se amplía,
• donde el alma desacelera para escuchar,
• donde la ansiedad pierde fuerza.
El problema no es que Dios no hable, es que muchas veces estamos tan abajo, tan distraídos, tan sumergidos en lo inmediato, que nuestra alma no logra percibir lo que Él está diciendo.
Dios susurra en medio del caos, pero solo quien sube a la torre puede escuchar el susurro por encima del viento.
La torre no es aislamiento… es preparación.
Es el espacio donde te separas de lo que ahoga tus sentidos y subes al nivel donde el cielo se vuelve audible.
Es en la torre donde la visión cambia:
lo que parecía gigante se hace pequeño,
lo que parecía urgente pierde fuerza,
lo que parecía confuso toma forma,
lo que parecía perdido encuentra dirección.
Dios habla desde las alturas porque primero quiere elevar tu corazón, antes de elevar tu situación.
Muchas veces pedimos respuestas rápidas, pero Dios nos llama a un lugar más alto, donde la respuesta no es solo una frase, es transformación de perspectiva.
Antes de cambiar la tierra, Dios cambia tu ángulo.
Antes de mostrarte el camino, ajusta tu visión.
Habacuc dice: “Vigilaré para ver lo que Él me dirá.”
No espera cualquier palabra… sino la palabra que desciende desde la torre:
la palabra que corrige, consuela, confronta y dirige;
la palabra que solo se oye cuando el corazón está elevado.
Si quieres escuchar con claridad, sube.
Si quieres entender lo que hoy te confunde, sube.
Si quieres ver como Dios ve, sube.
La torre siempre está disponible, pero eres tú quien decide subir.
Oración:
Señor, llévame a Tu torre.
Silencia el ruido que confunde mi alma.
Eleva mi visión para ver como Tú ves.
Y enséñame a oír Tu voz sin distracciones.
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