Agua para el Alma

“El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” — Juan 7:38

Palabra en el original:
Zōē (ζωή) – Vida abundante, plena y eterna; una existencia que no solo se mide en tiempo, sino en calidad espiritual y plenitud divina.

Reflexión:

El alma humana fue creada con una sed que nada en este mundo puede saciar. Buscamos llenar ese vacío con logros, relaciones, éxito, placeres o distracciones, pero nada de eso logra apagar la sed más profunda: la necesidad de Dios. Jesús, en Juan 7:38, no ofrece solo agua para calmar momentáneamente esa sed; Él promete Zōē, una vida que no solo se recibe, sino que fluye como un río inagotable desde lo más íntimo del ser.

Esta Zōē no depende de las circunstancias externas. No es el tipo de vida que se mide por posesiones o emociones pasajeras. Es una corriente interior, sostenida por el Espíritu Santo, que trae gozo en medio del dolor, paz en medio del caos y propósito en medio de la incertidumbre. Cuando bebemos de Cristo, no solo somos saciados: algo cambia dentro de nosotros. Lo que antes era desierto se convierte en manantial.

Y aquí está lo más poderoso: Jesús no dice que tendrás “una gota” de agua viva, sino ríos. Un río no es estático ni pequeño; es abundante, imparable y lleva vida a todo lo que toca. Así es la obra de Cristo en nosotros: primero nos transforma, y luego nos hace canales de bendición para otros. La vida Zōē que recibimos no se detiene en nosotros; fluye hacia las personas que nos rodean, llevando consuelo, palabra, esperanza y luz.

El alma que bebe de Cristo no vive en escasez espiritual. Aunque haya sequía alrededor, dentro de ti habrá un caudal que nadie puede detener, porque su fuente no eres tú, sino Él.

Oración:

Señor Jesús, reconozco que solo Tú puedes saciar mi alma. Hoy bebo de Tu agua viva, esa que transforma y da verdadera vida. Haz que mi corazón sea un manantial que fluya constantemente, no solo para mí, sino para todo aquel que se acerque. Que Tu Zōē llene cada rincón de mi ser y desborde hacia los demás, llevando esperanza y renovación. Gracias porque en Ti nunca más tendré sed. Amén.

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