El Dios que Ve lo que Nadie Valora

“El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” 1 Samuel 16:7
rā’āh (רָאָה) — ver con discernimiento profundo, percibir con intención, observar hasta comprender la esencia.
No es una mirada superficial, sino una visión que atraviesa capas, que distingue verdad de apariencia y propósito de desempeño.
Reflexión:
Vivimos en un mundo que premia lo visible, lo rápido y lo que genera resultados inmediatos. Se honra lo que produce aplauso y se ignora lo que se cultiva en secreto. Pero Dios no mira como mira el hombre. Mientras otros evalúan logros, Dios examina motivaciones. Mientras el mundo pregunta “¿qué hiciste?”, Dios pregunta “¿desde dónde lo hiciste?”.
Dios ve la fidelidad que nadie celebra, la obediencia silenciosa que no se publica, el corazón que sigue firme aun cuando no hay reconocimiento. Él observa los procesos internos que el ojo humano desprecia: la lucha por permanecer íntegro, la decisión de no rendirse, la constancia que se mantiene aun cuando no hay recompensa visible.
La mirada de Dios no presiona, revela. No exige rendimiento, afirma identidad. Cuando Dios mira el corazón, no busca perfección, busca verdad. Y aquello que los hombres pasan por alto, Dios lo registra, lo guarda y, en el tiempo correcto, lo honra. Nada que es visto por Dios es en vano.
Oración:
Padre, examina mi corazón con Tu verdad.
Afírmame cuando nadie reconoce mi caminar.
Enséñame a vivir delante de Ti, no para los hombres.
Confío en Tu mirada.
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