El Dios que Rompe Cadenas

“Y he aquí se presentó un ángel del Señor… y las cadenas se le cayeron de las manos.” Hechos 12:7
desmós (δεσμός) – atadura, ligadura, vínculo que aprisiona; aquello que impide avanzar, limita, frena o somete.
En el griego, desmós describe no solo cadenas físicas, sino todas las formas de sujeción que aprisionan al ser humano—desde prisiones visibles hasta cautiverios internos que nadie más puede ver.
Reflexión:
Pedro estaba dormido en una celda fría, encadenado, vigilado y rodeado por imposibles. Humanamente, no había salida; espiritualmente, ya había un decreto de libertad escrito en el cielo. Mientras los soldados custodiaban, Dios actuaba. Mientras Pedro esperaba, el cielo irrumpía.
La liberación de Dios no depende de tus circunstancias, sino de Su propósito.
Las cadenas no siempre tintinean:
A veces son pensamientos que repiten mentiras.
A veces son culpas que te persiguen desde años.
A veces son heridas viejas que todavía pesan como grilletes.
A veces son hábitos que tú deseas romper, pero no puedes por tu propia fuerza.
La historia de Pedro revela algo profundo: las cadenas no se rompen por esfuerzo humano, sino por intervención divina. El ángel no discutió con los guardias, no justificó a Pedro, no anunció su presencia. Solo trajo luz.
Y cuando la luz entra, lo que te ataba cae.
El texto no dice que las cadenas fueron arrancadas, forzadas o cortadas. Dice que “se cayeron”.
Porque cuando el Espíritu de Dios toca una vida, aquello que parecía imposible de romper se deshace sin resistencia.
Donde está el Espíritu del Señor, el miedo pierde autoridad.
Donde entra la luz del cielo, las mentiras se exponen.
Donde llega la presencia, las prisiones internas se convierten en puertas abiertas.
Muchos intentan romper sus propias cadenas con fuerza, disciplina, orgullo o inteligencia. Pero la verdadera libertad nace del encuentro con Dios. Él es quien entra en la celda, despierta el alma, ilumina la oscuridad y ordena a todo grillete soltarse.
Cuando Dios decide liberarte, ni la culpa, ni el pasado, ni el enemigo pueden seguir sujetándote.
Si hoy sientes que hay algo que te limita, recuerda: las cadenas no son más fuertes que la luz. Y la luz está viniendo a tu encuentro.
Oración:
Señor, deja entrar tu luz en mis prisiones internas.
Rompe toda cadena que me limita o me detiene.
Dame la libertad que solo tu presencia puede dar.
Hazme caminar sin miedo en la plenitud de tu Espíritu.
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