El Dios que No Falla

“No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho… todo se cumplió.” Josué 21:45

Naphal (נָפַל) – caer, fracasar, quedar sin efecto; implica algo que se derrumba o deja de sostenerse.

Reflexión:
La historia de Israel es una gran prueba de que Dios nunca deja caer una sola de Sus palabras. A lo largo de generaciones, promesas pronunciadas siglos antes encontraron cumplimiento exacto, mostrando que lo que sale de Su boca tiene el peso de la eternidad. Cuando Josué pronuncia esta frase, el pueblo acaba de ver con sus propios ojos el cumplimiento de lo que Dios había prometido a Abraham cuatrocientos años antes: la tierra prometida. Todo se cumplió, sin fallar una sola palabra.

La expresión hebrea naphal es profundamente visual. Significa “caer” en el sentido de algo que no logra sostenerse, como una promesa vacía o una estructura sin cimiento. Josué afirma que ninguna palabra de Dios “cayó al suelo”; todas permanecieron firmes, de pie, sólidas, inamovibles. Así es la fidelidad de nuestro Dios: lo que Él dice se cumple, porque Su palabra no depende de las circunstancias, sino de Su naturaleza fiel e inmutable.

En contraste, los hombres prometen y no cumplen, cambian con el tiempo o se retractan ante la presión. Pero Dios no necesita retractarse, porque nunca se equivoca. Su fidelidad no se mide por nuestros tiempos, sino por Su propósito eterno. Cuando parece que el cielo guarda silencio o que Su palabra se ha detenido, en realidad Él está trabajando en lo invisible, preparando el escenario del cumplimiento.

Cada promesa de Dios tiene su propio tiempo de gestación. Abraham esperó décadas por un hijo; José soportó años de injusticia antes de ver la restauración; David fue ungido mucho antes de sentarse en el trono. Todos ellos descubrieron que la espera no niega la promesa, solo la prepara.

Dios no falla porque Su carácter no cambia. Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Su palabra tiene vida y poder creador. Cuando Dios habla, el universo se ajusta, los tiempos se ordenan y la historia se dobla a Su voluntad. Nada ni nadie puede impedir lo que Él ha decretado.

Y aunque nuestros ojos no vean todavía el cumplimiento, podemos descansar en la certeza de que Su palabra sigue viva, caminando hacia nosotros. En los momentos en que parece que nada sucede, Él sigue obrando en silencio, asegurando que cada detalle se alinee con Su plan.

Dios no falla, ni siquiera cuando nosotros fallamos. Su fidelidad no se apaga con nuestra debilidad. Él permanece fiel, incluso cuando nuestra fe titubea, porque no puede negarse a sí mismo (2 Timoteo 2:13). Esa es la roca sobre la cual se sostiene nuestra esperanza: un Dios que cumple lo que promete, incluso cuando todo lo demás parece incierto.

Por eso, aunque la espera sea larga, no sueltes la promesa. A veces parece que todo se desmorona, pero en realidad es Dios reconstruyendo el camino. Si Él prometió, Él lo hará. Puede tardar, pero nunca fallará. La historia terminará exactamente como Él la escribió, porque Su palabra no conoce el fracaso.

Cada promesa de Dios es una semilla eterna: puede demorar, pero jamás muere.

Oración:
Señor, gracias porque cada palabra que sale de Tu boca es verdad. Aunque no vea aún el cumplimiento, confío en Tu fidelidad. Fortalece mi fe para esperar con esperanza lo que ya has decretado.

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Respuestas

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  1. Buenas Tardes
    Este devocional trajo esperanza en estos momentos dificiles de mi vida, Muchas Gracias Pastor Josimar por recordarnos que las promesas de Dios se cumpliran tarde o termprano