El Dios que Ve en Secreto

“Tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” Mateo 6:6
Palabra original: kryptos (κρυπτός) – escondido, oculto, lo que está fuera de la vista de los hombres pero plenamente visible ante Dios.
Reflexión
Vivimos en una sociedad que premia lo visible: las apariencias, los logros exhibidos y las palabras que todos pueden escuchar. Sin embargo, Jesús nos recuerda que el verdadero valor no se encuentra en lo que los demás reconocen, sino en lo que permanece oculto ante los ojos humanos y está expuesto únicamente delante del Padre.
Lo secreto, ese lugar donde nadie más nos ve, es precisamente el espacio donde se prueba la autenticidad de nuestra fe. Allí no hay aplausos, no hay reconocimiento inmediato, no hay validación externa. Pero allí es donde Dios, el Padre que todo lo observa, fija Su mirada. El término kryptos no habla de algo olvidado o irrelevante, sino de lo íntimo, de lo guardado en lo profundo, aquello que Dios mismo valora con suma importancia.
Nuestras oraciones en silencio, los actos de generosidad que nadie nota, la fidelidad en medio de la soledad, la obediencia cuando nadie aplaude… todo eso tiene un eco eterno en el corazón de Dios. Él ve el esfuerzo de seguir firmes en la pureza cuando nadie nos está observando, la disciplina de elegir lo correcto en lo oculto, y las lágrimas derramadas en la intimidad de nuestra habitación.
Jesús nos asegura que el Padre no solo ve, sino que recompensa. La recompensa de Dios no siempre es inmediata ni pública en el sentido humano, pero siempre es real, abundante y eterna. Lo secreto se convierte en semilla que, en el tiempo oportuno, florece en frutos visibles para Su gloria.
Por eso, este pasaje nos llama a vivir para los ojos del Padre, no para los del mundo. Nos libera de la carga de buscar aprobación constante y nos recuerda que el único testigo que importa es Dios mismo. Cuando elegimos vivir de esa manera, encontramos una libertad genuina y una paz que sobrepasa cualquier reconocimiento humano.
Oración
Padre, enséñame a valorar lo secreto contigo más que lo visible ante los hombres. Hazme fiel en la intimidad, confiando en que tus ojos lo ven todo y tu recompensa siempre llega en el tiempo perfecto. Amén.
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