El Dios de Toda Gracia

“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.” 1 Pedro 5:10

Palabra original: cháris (χάρις) – gracia, favor inmerecido, bondad divina que otorga salvación y también poder transformador para vivir en santidad.

Reflexión

Pedro escribe estas palabras a una iglesia que enfrentaba sufrimiento y persecución. En medio de la aflicción, recuerda a los creyentes que Dios no es solo el Dios de gracia para salvar, sino el Dios de toda gracia: una gracia que cubre cada área de la vida, que sostiene en la prueba, que restaura en la caída y que capacita para perseverar hasta el fin.

La gracia de Dios no es un recurso limitado ni un favor ocasional. El apóstol la describe como abundante, suficiente y siempre disponible. Esa gracia nos llama primero a la salvación en Cristo, pero no se detiene allí: continúa perfeccionándonos, afirmándonos, fortaleciéndonos y estableciéndonos en la fe. La vida cristiana no depende de nuestra fuerza de voluntad, sino de la gracia que opera en nosotros día tras día.

El término cháris revela una gracia que no solo perdona lo que éramos, sino que también nos transforma en lo que debemos ser. Es el favor inmerecido que borra nuestro pasado, pero también es el poder divino que nos equipa para enfrentar el presente y nos asegura el futuro en gloria. Pedro señala que después de “padecer un poco de tiempo”, la gracia de Dios produce en nosotros un carácter firme, probado y fortalecido.

Esto significa que incluso el sufrimiento es un terreno donde la gracia se manifiesta. Allí donde pensamos que no podremos resistir, Dios nos sorprende con Su poder que perfecciona nuestras debilidades. Allí donde creemos que caemos, Su gracia nos levanta y nos afirma en la roca eterna.

Vivir bajo la gracia no es una licencia para el pecado, sino un llamado a depender plenamente de Dios. La gracia nos recuerda que nunca somos autosuficientes, que nuestra seguridad está en Su fidelidad y que cada victoria que alcanzamos es fruto de Su obra en nosotros.

El Dios de toda gracia no nos abandona a mitad del camino. Si Él nos llamó a Su gloria eterna en Cristo, también nos sostendrá hasta que lleguemos a esa meta. Su gracia es el puente entre nuestra debilidad y Su gloria.

Oración

Señor, gracias porque tu gracia me salva, me restaura y me sostiene cada día. Afírmame en tu verdad, fortaléceme en la prueba y establéceme firme hasta el final en Cristo Jesús. Amén.

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