El Dios que Fortalece al Débil

“Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” Isaías 40:29
Palabra original: koach (כֹּחַ) – fuerza, poder, vigor, capacidad interior para resistir, avanzar y cumplir un propósito.
Reflexión
La vida nos enfrenta a momentos en los que la fuerza humana simplemente no alcanza. El cansancio físico, el peso emocional y las batallas espirituales nos dejan agotados, con la sensación de que no podemos dar un paso más. Sin embargo, la promesa de Isaías 40:29 es un recordatorio glorioso: Dios no abandona al débil, sino que se convierte en su fuente de fortaleza.
El término hebreo koach no se limita a la energía física; abarca también la capacidad de perseverar, de resistir pruebas y de avanzar en medio de la oposición. Dios no solo añade un poco de fuerza a la nuestra, sino que multiplica la que no existe. Es decir, cuando llegamos al límite, cuando nuestra capacidad se extingue, allí comienza a manifestarse la plenitud de Su poder.
La debilidad humana no es un fracaso delante de Dios, sino el escenario perfecto para que Él se glorifique. El apóstol Pablo lo entendió cuando escribió: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10). Reconocer nuestra fragilidad nos lleva a depender totalmente de Aquel que nunca se cansa ni desfallece. La fortaleza que viene de Dios no es temporal ni limitada, porque fluye de Su eternidad y se renueva cada día.
Esta verdad cambia nuestra perspectiva: ya no debemos temer a la debilidad, porque ella nos conecta con la gracia de Dios. Cada vez que nuestras fuerzas se acaban, podemos levantar los ojos al cielo y recordar que hay un Dios dispuesto a sostenernos. Él no nos pide ser autosuficientes, sino depender de Su poder.
La fortaleza divina no solo nos permite sobrevivir, sino también avanzar con propósito. No caminamos con fuerzas prestadas, sino con la certeza de que el Dios eterno habita en nosotros, renovando nuestro espíritu y capacitándonos para enfrentar lo que parecía imposible.
Oración
Padre, en mi debilidad muéstrame tu poder. Renueva mis fuerzas cuando me sienta agotado y hazme avanzar sostenido por tu gracia y tu fidelidad. Amén.
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