El Dios Fiel

“Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal.” 2 Tesalonicenses 3:3

Palabra original: pistós (πιστός) – digno de confianza, constante, inmutable, aquel que nunca falla y permanece firme en todas Sus promesas.

Reflexión

La fidelidad es un valor cada vez más escaso en nuestro mundo. Las promesas humanas a menudo se rompen, las palabras cambian según las circunstancias y las relaciones pueden terminar por la fragilidad de los compromisos. Todos, en algún momento, hemos experimentado la decepción de confiar en alguien que no cumplió lo que dijo. Pero en contraste con la fragilidad de la fidelidad humana, la Biblia nos revela a un Dios absolutamente fiel.

La fidelidad de Dios no depende de nuestras acciones, ni de nuestros méritos, ni de nuestras circunstancias. Él es fiel porque Su naturaleza es fidelidad. Lo que promete, lo cumple; lo que comienza, lo termina; lo que establece, lo sostiene. Como dice Números 23:19: “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. ¿Él dijo, y no hará? ¿Habló, y no lo ejecutará?” Su fidelidad no se quiebra con el tiempo ni con nuestras debilidades.

En 2 Tesalonicenses 3:3, Pablo nos recuerda que esa fidelidad no es algo abstracto, sino una realidad práctica: Dios es fiel para afirmarnos, para sostenernos y para guardarnos del mal. Es decir, Su fidelidad se convierte en nuestra seguridad diaria. Cuando nos sentimos débiles, Su fidelidad nos fortalece. Cuando nos sentimos expuestos, Su fidelidad nos protege. Cuando el enemigo quiere sembrar temor, Su fidelidad nos cubre con confianza.

La fidelidad de Dios también es el fundamento de nuestra esperanza futura. Podemos avanzar con seguridad porque sabemos que Aquel que prometió volver por nosotros no fallará. Él cumplirá Su palabra, porque es imposible que mienta. Esa certeza nos permite enfrentar el presente sin ansiedad, porque sabemos que el Dios que nunca cambia está en control de todo.

Vivir confiando en la fidelidad de Dios transforma nuestra manera de enfrentar la vida. Nos libera de la preocupación excesiva, porque no dependemos de la inconstancia humana, sino de la constancia divina. Nos ayuda a perseverar, porque aunque nosotros seamos infieles, Él permanece fiel (2 Timoteo 2:13). Nos llena de gratitud, porque cada mañana Sus misericordias se renuevan y Su fidelidad nunca falla (Lamentaciones 3:22-23).

Cuando entendemos que nuestro Dios es fiel, encontramos descanso. Descanso en Su Palabra, descanso en Sus promesas, descanso en Su cuidado. Él es la roca firme en un mundo lleno de incertidumbre, el ancla segura en medio de la tormenta.

Oración

Padre fiel, gracias porque Tu fidelidad nunca cambia. En un mundo donde todo parece inestable y frágil, encuentro seguridad en Ti. Aun cuando yo fallo, cuando mis fuerzas se agotan o cuando mis promesas no se cumplen, Tú permaneces constante y verdadero.

Señor, enséñame a descansar en Tu fidelidad y a recordar que lo que Tú prometes, siempre lo cumples. Afirma mi fe en medio de la duda, guarda mi corazón en medio de la prueba y protégeme del mal con el poder de Tu fidelidad.

Que mi vida sea un testimonio vivo de confianza en Ti, el Dios que nunca abandona, nunca olvida y nunca falla. Amén.

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